Nuestras manos son una de las partes del cuerpo (junto al rostro) que más sufren las inclemencias de la vida diaria, por ello su deterioro es más habitual de lo que se cree.

Unas manos agrietadas, ásperas o incluso suaves pueden revelar bastante sobre nosotros, desde la edad hasta el trabajo que desarrollamos. Prácticamente son los apéndices con los que más nos relacionamos con nuestro entorno.

A diferencia de otras partes de nuestro cuerpo, que están protegidas por el calzado o la ropa, las manos suelen enfrentarse desnudas a todas las agresiones externas, pero ese no es el único factor que influye en su deterioro.

La piel de la mano

La piel de nuestras manos no es completamente igual en su conjunto. Tienen diferentes zonas, pliegues e irregularidades que la hacen estar lejos de la uniformidad.

  • Dorso de la mano: En el dorso de la mano encontramos folículos pilosos, pocas glándulas sebáceas y sudoríparas (responsables del sudor) y una dermis muy fina. Lo que facilita la deshidratación.
  • Palma de la mano: en esta zona no hay folículos pilosos pero abundan las glándulas sebáceas, además la dermis de esta parte está mucho más cargada de fibras y grasas, lo que la hace más resistente que la del dorso.

Debido a sus particularidades propia, las manos se ven más agredidas en su dorso, a lo que hay que sumarle que no todo el mundo tiene la piel igual de gruesa o de fina. Por ello es importante saber que zona necesita mucha más hidratación.

Motivos por los que pueden estropearse las manos

  • Cambios de temperatura y estación: el frío hace estragos en nuestras manos, al ser una parte del cuerpo tan desprotegida, el frío puede deshidratarlas fácilmente o agravar problemas relacionados con la psoriasis y alérgicos.
  • El exceso de agua: mojarse las manos a menudo puede crear un efecto erosivo sobre nuestra piel, si le añadimos jabón, la cosa empeora.
  • Contacto con químicos agresivos: como detergentes, lavavajillas, disolventes, pinturas, pueden hacer mella rápidamente en la dermis.
  • El contacto diario con productos derivados de nuestra vida laboral: polvo, cemento, productos de jardinería, tierras, etc. Pueden alterar la capa lipídica de nuestra piel y hacerla más frágil frente a las agresiones externas.
  • El esfuerzo mecánico es otro factor: rozaduras, tensiones, agarre de diferentes materiales pueden agrietar la piel.
  • Problemas médicos: como la falta de lípidos, consumo de medicamentos que alteren la piel como efecto secundario, diabetes, psoriasis o hipotiroidism0. Factores que causan alteraciones en la piel, haciéndola más frágil.

La piel de nuestras manos se ve constantemente expuesta a agresiones del entorno, junto al rostro es una de las más afectadas por ello. Además de las evidentes agresiones del exterior, tenemos que tener en cuenta que se pueden ver afectadas por la genética, la condición médica, alergias, nuestra actividad laboral y las propias particularidades de la piel en cada parte de la mano.

Lo ideal es cuidarla con lociones, cremas y pomadas que ayudan a hidratarlas y revitalizarlas, pero sobretodo acudir en busca de ayuda de nuestro dermatólogo, quien hará un estudio pormenorizado de nuestra piel y podrá recomendarnos un tratamiento personal y adaptado.

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